La fistrera

Mi nombre es Carol, tengo 35 años, vivo en Barcelona y en ocasiones, veo fistros. Sí. Es genético, en concreto lo he heredado de mi madre. Pero no os preocupéis, que no es grave.
Cualquier ocasión es buena para visualizar un posible fistro. Cualquier estímulo sirve (algo visto en internet, en un escaparate, un objeto al que quieres darle un segundo uso, etc.). Y a veces hasta te inventas excusas para “tener” que hacer algo.

 
Aunque la mayor parte de mi tiempo lo dedico a ganarme la vida inventando deliciosos productos lácteos, tengo que reconocer que en mi cabeza siempre hay un lugar para pensar en el próximo fistro que haré.

Pero mi principal problema es que no focalizo. Soy generalista (también por herencia). Y el resultado es que mi vida se convierte en un caos de actividades desordenadas, pero que me hacen muy feliz: fistrear, hacer deporte, hacer fotos, ir a la montaña, hacer claritas con los amigos, viajar y ahora también cuidar de nuestro hijo Leo.

Hay, además, otras cosas que no se me dan bien, como ir a la moda, leer, ir al cine, ver la tele (nota: requieren demasiada atención), llevar los papeles de la casa, comprar comida, cocinar esta comida (nota: cookies, pasteles, galletas y otro tipo de dulces no se consideran comida, pues no se podría subsisitir sólo a base de ellos). Como véis, estas últimas son tareas bastante relevantes para la supervivencia de una, y que gratamente delego en mi compañero de piso y padre de Leo.

En fín, que de momento no sobrevivimos haciendo fistros. Pero aquí estamos, aquífistreamos y que bien nos lo pasamos.

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